No Monogamias Éticas

Un lugar informado, seguro y responsable para explorar la diversidad relacional.

¿Qué es todo esto de las “no monogamias éticas”? Explicación apta para sobrinos, abuelitas y cuñados. 

Las no monogamias no son un topping más de la moda woke: siempre han existido. Tu abuelito que tenía dos familias, tu vecina que dio a luz un hijo de su compadre y tu pareja que, secretamente, sigue amando a su ex aunque también te ame a ti, son todos ejemplos de no monogamias. Son parte de un doble estándar al que todos estamos acostumbrados (hasta que nos lo aplican a nosotros) y, de hecho, son bastante más frecuentes que el ideal monógamo: ¿cuántas personas conoces que realmente hayan vivido la mayor parte de su vida en monogamia? Y no me refiero a saltar de pareja en pareja, o la llamada “monogamia serial”, sino a, de verdad, comprometerse con exclusividad afectiva, sexual, patrimonial y económica con la misma persona, al menos durante dos tercios de su vida adulta.

Aquí no vamos a discutir si la monogamia es o no natural, mucho menos si es o no moral. Vamos a ser realistas: las estadísticas y el saber popular coinciden en que las personas solemos tener comportamientos que difieren mucho de la mononorma. 

Entonces, si las no monogamias siempre han existido, ¿para qué tanto marketing? ¿Acaso hay algo nuevo bajo el sol? Tal vez. Aquí lo que resulta medianamente innovador es agregarle la palabra “éticas” al final. Porque al hacerlo, pretendemos deshacernos del doble estándar y comenzar a generar expectativas responsables sobre lo que podemos ofrecer y recibir al vincularnos. Cuando decimos “éticas”, queremos decir que vamos a dejar de engañarnos con el cuento de que la monogamia es “lo natural” y la única expresión válida del amor, y que si lo hacemos bien nos va a salvar de algo (soledad, miseria, olvido, usted escoja), y que vamos a aceptar de una vez por todas que los sentires y deseos humanos son diversos y cambiantes, sin andar arruinándole la vida con mentiras y justificaciones oportunistas a nadie en el camino.

Las no monogamias éticas no son una práctica ni un estilo de vida (aunque cobijan gran cantidad de prácticas y estilos de vida), son una postura crítica frente a la monogamia como imposición. Significan atrevernos a cuestionar ideas tan arraigadas como aquella de que, si de verdad te aman, solo tienen ojos para ti. O esa que nos dice que, si hay infidelidad, es porque algo no estaba bien en la relación. Incluso aquella de que enamorarnos de alguien más equivale a traición, o que tenemos derecho de fiscalizar los deseos y apetencias ajenos. Es más, ¿qué pasaría si descubrieras que todas esas escenitas de celos que has montado son, en realidad, un tipo de violencia? 

Dado que las no monogamias no son una práctica, sino una postura crítica que nos lleva a reflexionar sobre el modo en que nos vinculamos, uno perfectamente puede ser no monógamo y al mismo tiempo elegir relacionarse desde la exclusividad sexual, sencillamente porque así le conviene por las razones que fueran, pero después de haber analizado dichas razones con honestidad, transparencia y compromiso, no porque “así lo dictaba el manual”. 

Y es que muchas personas piensan que las no monogamias son un ataque a su modo exclusivo y jerárquico de relacionarse, y de hecho no: las no monogamias éticas también cobijan a las monogamias conscientes, al igual que cobijan al poliamor y a la bandita swinger o a los matrimonios abiertos. 

Veamos un ejemplo de esto: yo puedo identificarme como alguien heterosexual e ir al desfile del pride para mostrar mi apoyo a la comunidad LGBTT+, porque no estoy de acuerdo con las violencias que se han ejercido durante siglos sobre las personas no heteronormadas. Yo puedo apoyar la marcha del 8M sin necesariamente identificarme como una mujer, porque no estoy de acuerdo con la violencia sistémica de la que son víctimas. Yo puedo estar de acuerdo con el derecho de las mujeres a decidir y aun así no practicarme un aborto. Y también puedo declararme no monógamo, aunque decida tener solo una pareja, porque soy consciente de toda la violencia que acarrea la monogamia cuando es una imposición social y no una elección consciente. 

Y es que las no monogamias son un concepto que no tiene que ver con cuánta gente te acuestas (aunque es lo primero que la gente suele preguntar), sino con ejercer tu derecho al libre desarrollo de la personalidad, también en tus relaciones sexoafectivas. Y es un derecho que viene con una responsabilidad enorme, porque implica renunciar a fantasías monógamas altamente seductoras (y envenenadas de arribismo social), como aquella de que solo tenemos que encontrar  la persona correcta para que todos nuestros problemas de autoestima, económicos, sexuales o sociales se resuelvan como por arte de magia. Implica entender que la buena voluntad no basta y el amor eterno dura de seis meses a un año, y después de eso, vamos a tener que seguir esforzándonos todos los días para mantener la calidad y la viabilidad de nuestros vínculos, y vamos a tener que seguir exigiendo al Estado que haga su trabajo, porque los problemas individuales son sociales y para resolverlos no basta con “elegir mejor a la pareja”. También, y quizá esto es lo más difícil, implica renunciar al estatus simbólico que ofrece la monogamia (porque, según el discurso vigente, esta es sinónimo de higiene y madurez emocional) y atrevernos a ser unos monstruos pervertidos e impredecibles a ojos de muchas personas. Y es que desafiar a la mononorma, igual que a cualquier otro mecanismo de control social, como la heteronorma o los roles de género, tiene un costo. Pero también jugarle al doble estándar de la monogamia en una mano y la deslealtad en la otra ha tenido costos sociales altísimos. Así que no, los no monógamos éticos no queremos una vida de promiscuidad sin tener que sacrificar nada, todo lo contrario, estamos dispuestos a sacrificar eso que muchas personas no se atreven siquiera a cuestionar, para bajarle dos rayitas al daño colateral. 

Más allá de las prácticas y las etiquetas que elijas para tu propia identidad, esto tiene que ver con cómo te posicionas críticamente frente a la monogamia y su pandilla. Porque la monogamia nunca viene sola: se mueve en manada con la heteronorma, el capitalismo, la familia tradicional y ese escenario habilitador de tantas violencias de género al que llamamos amor romántico. Dicho de otro modo: la monogamia es parte de un ecosistema de imposiciones simbólicas que nos dice que la única manera correcta de ser en el mundo es nacer, crecer, encontrar a alguien que nos idolatre y a quien idolatrar, conseguir un buen trabajo, tener una hipoteca y un auto a mensualidades, reproducirnos, mandar a las criaturas a una escuela privada, y quedarnos con la misma persona toda la vida, o al menos aparentar que no le ponemos el cuerno, por el bien del status quo. 

Las personas monógamas no suelen ser monógamas en el sentido estricto de la palabra, pues más de la mitad son o han sido infieles, pero son genuinamente monógamas en cuanto a valores, lógicas y creencias jerárquicas sobre el mundo. Su monogamia es más un statement narcisista sobre el estilo de vida al que aspiran y sobre su terror patológico a la pérdida, pero en absoluto es una práctica consciente. Se da por sentada, aunque desafíe las estadísticas más básicas, y cuando le pregunto a las parejas que vienen a mi consultorio cómo es que decidieron ser monógamas, normalmente levantan las cejas y voltean a verse entre sí como si acabara yo de preguntar algo estúpidamente obvio. 

La monogamia en sí no es un comportamiento, sino un sistema de creencias. Los hombres más infieles pueden ser los más monógamos cuando se trata de medir lo que valen con la vara de la fidelidad de su esposa. Es un doble estándar, pero uno de los más eficientes. Y no se trata de vilipendiar a la pobrecita monogamia y a sus compinches; de hecho, hacen un equipo formidable al que pueden atribuirse muchos de los logros de nuestro estilo de vida moderno; nos han regalado infinidad de zonas de confort y caminos perfectamente señalizados sobre cómo debemos comportarnos, relacionarnos y consumir, para que el caos existencial no nos destroce y lleguemos a la tumba de una pieza, y solo piden a cambio absolutamente toda nuestra identidad y un compromiso incondicional con el drama cuando la realidad sale a la luz. 

Deja un comentario